jueves, 10 de noviembre de 2016

Trazos de una avispa ahogada

En 2016, se celebran 25 años desde la publicación de la Fábula de la avispa ahogada de Aquiles Nazoa. Vicky Sempere estuvo a cargo de las ilustraciones de esta edición: trabajó en plumilla y tinta china para lograr una gran diversidad de tonos grises y jugar con el contraste entre zonas de negro y el papel blanco. La versatilidad de esta técnica permitió la definición de detalles y la caracterización dinámica de los personajes. Aquí les dejamos algunos bocetos originales y su versión final: 









Texto con asesoría de Irene Savino, directora de arte de la Fábula de la avispa ahogada. 

martes, 25 de octubre de 2016

Leyendo a Aquiles Nazoa: poesía y fábula


En 1982, Ediciones Ekaré publicó por primera vez en una edición ilustrada la Fábula de la ratoncita presumida. Vicky Sempere fue la ilustradora encargada de dar vida a esta versión de Aquiles Nazoa, inspirada en una antigua fábula china. En 2016, se conmemoran 40 años de la muerte del gran escritor venezolano. A manera de homenaje, compartimos este video de Tato Ruíz, narrador de historias y amigo de Ekaré, contando la fábula de la ratoncita Hortensia en la librería El dragón lector, en España. ¡Véanlo y disfruten!

jueves, 6 de octubre de 2016

Una traducción sin reglas

En 2012, Ediciones Ekaré publicó en español El oficial Correa y Gloria (Officer Buckle and Gloria en inglés), de Peggy Rathmann. Teresa Mlawer, especialista en literatura infantil y juvenil, fue la encargada de traducir el texto. Al igual que todos los libros de Peggy Rathmann, fue un reto inmenso traducir y diseñar los textos insertos en las ilustraciones. Para lograr la versión final, todo el equipo de Ekaré junto a Teresa Mlawer y Alejandra Varela, diagramadora del libro, se involucraron en el proceso de traducción, sorteando las dificultades de las ilustraciones y de los diferentes usos del español en Estados Unidos, España y los países de Latinoamérica. 



Reglas a 25 dólares 

En 1996, Peggy Rathmann recibió la Medalla Caldecott por Officer Buckle and Gloria. En su discurso de aceptación hay una interesante anécdota sobre el libro:

“Cuando estaba reuniendo las '101 reglas de seguridad' para la guarda y las carteleras dentro del libro, ofrecí a mis sobrinas, a mi sobrino, y a una docena más de amigos, 25 dólares por cada regla de seguridad que mi editor aprobara. La respuesta fue muy costosa. Pero me complace que los niños hayan contribuido en este reconocido libro, mientras cursaban la escuela primaria. 
Escribí El oficial Correa y Gloria para cumplir una misión en mi clase de escritura. La tarea consistía en escribir e ilustrar una historia que no pudiese ser entendida con solo leer el texto. Lo hice porque el profesor nos dijo que debíamos hacerlo, pero en el proceso descubrí que este desafío era la definición misma de un libro álbum. El oficial Correa representa las palabras, Gloria, las imágenes, y ninguno de ellos podría entretener o iluminar sin el otro”.  

Confesiones de una traductora veterana

Soy una amante de los libros de Ediciones Ekaré, tanto de sus obras escritas en español como de sus traducciones. Sus publicaciones son muy cuidadas.  

Cuando María Francisca Mayobre, directora de Ekaré, me preguntó si quería traducir Officer Buckle and Gloria, de Peggy Rathmann, acepté enseguida. Me entusiasmaba la idea de una colaboración con una editorial a la que tanto aprecio y que es tan admirada por todos.

Llevo traduciendo libros de literatura infantil y juvenil desde hace más de 30 años y aunque los libros de humor no son mi especialidad (me gustan más los dramas, los libros sentimentales, los que te hacen llorar), tengo que admitir que me divertí mucho traduciendo este simpático libro. 

Espero haber logrado el mismo sentido del humor del cual Peggy Rathmann es tan conocida y que los niños comprendan, de una manera divertida, la importancia de las reglas de seguridad en la escuela.

TERESA MLAWER

Un diseño sin reglas 

Creo que de todas las traducciones que he diagramado en Ediciones Ekaré, El oficial Correa y Gloria ha sido la más divertida, pero también la más minuciosa. Conforme avanzaba el proceso de montaje del texto en español iban apareciendo palabras y frases escondidas en las ilustraciones que aún estaban sin traducir (ni nos habíamos enterado de que existían). 

Fuimos trabajando sobre la marcha como en uno de esos juegos de ‘Busca las 7 diferencias’ –solo que eran mucho más de siete– y en lugar de buscar las diferencias, había que buscar cualquier texto que no estuviera en español. 

Officer Buckle había pasado a ser el oficial Correa y, por lo tanto, había que cambiar esto en todas las ilustraciones donde se viera la placa con su nombre. Además de eso, había otros elementos que se repetían a lo largo del libro, como la insignia del brazo izquierdo de su uniforme, o el envase de la Natilla de banana que no se nos podían escapar sin traducir. 


Para las notas de colores con las reglas de seguridad, decidimos usar una tipografía estilo manuscrito, pero para las cartas de los niños había que encontrar algo más divertido, así que escribí con lápiz muchísimas notitas simulando diferentes tipos de letra, luego las escaneamos y las usamos para armar el montón de cartas que aparecen en el libro.



Algunos elementos debían tener un carácter diferente, así que también preferí escribirlos a mano: el letrero de bienvenida al oficial Correa –que escribí con un lápiz de color rojo–, la insignia del auto, la pizarra del aula de clases, el nombre de la venta de salchichas –en donde  utilicé un marcador grueso-, o los diplomas del oficial Correa que están colgados en la pared –aquí utilicé una plumilla, porque la letra era demasiado pequeña y la gracia era que pudieran leerse.



Todavía me preocupa que un ávido lector pueda encontrar algún texto escondido en la ilustración que se nos escapó sin traducir.

ALEJANDRA VARELA

martes, 20 de septiembre de 2016

Mar: una traducción náutica

En esta ocasión, Beatriz Peña Trujillo nos acerca a su experiencia como traductora del libro Mar, publicado originalmente en portugués por Pato Lógico Ediciones, con textos de Ricardo Henriques e ilustraciones de André Letria

Puedo decir que traducir un libro informativo como Mar fue para mí una experiencia totalmente náutica. Pero no en términos reales sino virtuales. En los meses que trabajé en la traducción de este libro de tema tan portugués –¿habrá algo más portugués que el mar?–, estaba convaleciente de un mal que no me permitía estar mucho en tierra firme –casi no podía caminar– y, la verdad, pasé muchas horas felices anclada a la silla del computador, navegando por internet.




Fue como internauta, entonces, que conseguí resolver el asunto de cómo lograr la exactitud y la veracidad que eran imprescindibles en un texto que contenía infinidad de términos náuticos o de marinería que exigían no una traducción libre sino de la mayor fidelidad posible. Pienso que en el aspecto técnico fue definitivo poder consultar en internet documentos y materiales de referencia, entre los que se cuentan una variedad de diccionarios de náutica y páginas web de artes de pesca y de faenas marineras, muchas de ellas de la también muy marinera España. Asimismo fue muy importante haber tenido acceso virtual a una serie de diagramas y dibujos de embarcaciones de muchos tipos, con los que podía hacerme una muy buena idea de cómo son las embarcaciones reales.




Sobre el otro aspecto de esta traducción, el no técnico, el más literario, hay varios problemas puntuales que intenté resolver. En ciertos casos busqué no perder términos bonitos para un lector niño que no tenían equivalencia en español y sacarles el mayor provecho al definirlos. Un término como barba, por ejemplo, tenía en el original dos acepciones: una relativa a las inolvidables barbas de los lobos de mar, sin problemas en ambas lenguas, y otra que era sinónimo de proa, válida solamente en portugués. Así que en este caso, investigué y encontré otra simpática acepción marinera de barbas en español, que se refiere a las hilazas de verdín mezcladas con lapa y basura que se forman en el fondo de los cascos de los barcos cuando no se limpian en mucho tiempo, y que se asemejan a una barba mal cuidada.



En el caso de términos que no tienen equivalente en español, conservé algunos como maresia, que en portugués es el olor característico del mar; no quería dejar que el lector niño perdiera la oportunidad de conocer una palabra tan especial por su sonoridad y su capacidad de condensar ella sola una atmósfera particular. De manera que dentro de la definición hice la anotación de la palabra original, conservándola para el lector. Y finalmente, también busqué términos que en portugués sonaban graciosos –y cuya intención en el original era justamente esa–, conservaban su gracia en español, aunque hubiera que hacer pequeñas trampas, traicionando un poco la precisión, pero logrando el mismo efecto divertido en español. En este caso, cito el ejemplo de una serie de nombres de velas de embarcaciones –la terminología náutica puede ser fascinante y muy divertida para el lego– que en portugués eran polaca, cachapana, cachamarin y traquetina, y que en español se convirtieron en la cangreja, la escandalosa, la bastarda y la mística.


Por otro lado, también me interesaba conservar el tono juguetón del original, muy bien logrado en portugués por los autores, al trasladarlo al español. Ilustro este caso con la definición de nudos. En la primera frase de la definición original, se juega con la palabra nós, que significa a la vez nosotros y nudos. Al poner juntos los dos significados de la palabra nós, se crea un efecto divertido y de complicidad con el lector niño: Entre nós fala-se de nós (algo así como entre nos, hablamos de nosotros/nudos). Yo busqué surtir el mismo efecto de empatía con el lector poniendo como frase sustituta 'Que no se te haga un nudo en la garganta al leer esta entrada'.



Meses después, cuando ya cerré la traducción, y ya con la mar en calma –al fin recuperada–, pude volver a pisar sin dolor tierra firme, levé anclas y zarpé de nuevo al mundo real. Definitivamente, el Mar todo lo cura.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Un traductor estegosaurio

Miguel Azaola, editor y traductor especializado en literatura infantil, nos cuenta cómo coincidieron los elementos para la traducción de Conocí a un dinosaurio (Ekaré, 2016) (I Met a Dinosaur en inglés), del autor Jan Vahl y el ilustrador Chris Sheban.  
Cuando mi amiga Carmen Diana Dearden, presidenta de Ediciones Ekaré, me sugirió que tradujera I Met a Dinosaur, confieso que me lo pensé un poco. Nunca me han interesado demasiado los dinosaurios. Por muy simpáticos y amables que me los pinten, como es el caso de las maravillosas ilustraciones de Conocí a un dinosaurio, su aspecto tirando a monstruoso me ha producido siempre un desasosiego que no disminuye por el hecho de que hayan pasado todos ellos a mejor vida hace una porción de años, según dicen los que saben de estas cosas. Si a ello se suma el repeluco que invariablemente siento ante cualquier reptil, ya sea saurio, ofidio, quelonio, agente secreto o inspector de hacienda, la sugerencia de mi amiga, en principio, no me resultaba demasiado apetecible.


Sin embargo, cuando comprobé que el texto en inglés estaba estructurado en una cadena de estrofillas más o menos rimadas, me fui animando poco a poco, y al cabo de unos días me dije: ¿por qué no? Al fin y al cabo siempre había disfrutado enfrentándome al desafío de los ripios de unos y otros: Roald Dahl, Gianni Rodari, Maurice Sendak. De hecho, me encanta traducir libros en verso. Incluso ha habido ocasiones en que las traducciones al español de ciertos textos para niños me resultaban tan sosas y tan faltas de chispa (algo que ocurre a menudo: la gracia esencial de las expresiones más sencillas rara vez tiene verdadera traducción) que decidía embarcarme en recreaciones rimadas que, sin traicionar el espíritu del texto original, eran por lo general bastante más atractivas tan sólo por la gracia de la rima. Pero me estoy desviando del asunto porque en realidad no es de eso de lo que quería hablar, sino de mi súbita inmersión en la paleontología. 

















El caso es que acepté por fin traducir el libro. Y, como era de esperar, lo primero que me alarmó cuando me metí en esa faena fue mi enciclopédica ignorancia en materia tan ajena a mis intereses y aficiones, de modo que, como no me gusta dar gato por liebre y pontificar sobre temas que desconozco (no porque me importe ser un pedante, cosa que ya no tiene remedio, sino porque me aterra que me pillen en un renuncio) me puse a averiguar cosas sobre el mundo de los grandes saurios prehistóricos. Y, para sorpresa mía, todo me pareció fascinante: las fabulosas dimensiones, la variedad de especies, las costumbres, los entornos; por no hablar de los nombres espectaculares y rimbombantes que los sabios les han ido dando a semejantes bichos: estegosaurio, diplodocus, iguanodonte, tiranosaurio. Lo malo es que tenía que meterlos en mis rimas, lo que complicaba un tanto el trabajo. Pero al fin, después de muchos ensayos, vueltas y revueltas, idas y venidas, llegué a una traducción más o menos rimada y ritmada que me pareció que hacía suficiente justicia al más o menos rimado y ritmado original.


Sin embargo me faltaba el postre: la última página del libro, en la que debían figurar ciertos datos básicos de identidad de cada una de las especies que mencionaba la historia. Y entonces me encontré con que ni el texto en inglés era fiable ni mis fuentes eran homogéneas. Por ejemplo, tan pronto me daban una medida para uno de mis bicharracos como me daban otra que podía ser el doble, o incluso otra más que podía ser una tercera parte. Al final tuve que optar por los datos que me parecían más fiables, pero ello supuso adentrarme más y más en la espesura de innumerables publicaciones dinosaurológicas. ¿Me estaría convirtiendo, a pesar de mi alergia inicial y contra todo pronóstico, en un especialista en la materia?

No sé como serán mis ripios de acertados o de graciosos. A mí me lo parecen, ahí están, y espero que al autor, si entiende español, le guste leerlos. Ojalá. Pero hay una cosa que si sé: los datos de la última página del libro son tan fiables como que me llamo... Por cierto, ¿cómo me llamo? Tendré que mirarlo en la portadilla. A lo mejor soy un estegosaurio.

sábado, 27 de agosto de 2016

Bacalao a la María Félix: El ogro de Zeralda

Araya Goitia, editora y mánager de derechos de Ediciones Ekaré, comparte su suculenta experiencia como traductora de El ogro de Zeralda (Le géant de Zeralda, en francés y Zeraldas Riese en alemán), del escritor e ilustrador Tomi Ungerer






Ser lector de Tomi Ungerer es saber huir de la complacencia. Hay que abrazar su humor sórdido e inteligente, desde la representación de un apartheid entre perros y gatos (Flix), hasta el absurdo romance de un viudo en Das biest des Monsieur Racine. Sus libros son tanto para niños como para adultos, y jamás se agotan en la primera lectura. Por todo esto, cuando Ediciones Ekaré decidió publicar al castellano El ogro de Zeralda [Zeraldas Riese], yo ya era una devota irremediable de Ungerer y de su obra revolucionaria.



No tenía una formación como traductora, pero tenía varias ideas acerca del mundo que Ungerer buscaba representar, y contaba con experiencia en la planta editorial de Ekaré donde cada traducción es cuidadosamente seleccionada y mimada por un grupo de editores: mis maestros. Juntos, trabajamos la historia de la magnífica heroína culinaria, y de su encuentro con el hambriento ogro.

En el original, el tono y las palabras escogidas parodiaban aquellos tradicionales cuentos de hadas donde las doncellas eran raptadas por terribles ogros y posteriormente encerradas en altos castillos. Así que para la traducción continuamos este espíritu, salpicado aquí y allá de esa profunda malicia de Ungerer.


Lo más divertido fue quizás la sección "gastronómica", tanto más oscura porque ya sabemos que era todo para aplacar el hambre antropófaga del ogro. Fue muy interesante buscar las traducciones de los sabrosos platillos que preparaba Zeralda y sus referentes en el mundo hispanohablante. En la famosa doble página donde se exhibe un menú, Ungerer incluyó ciertos guiños al viejo vicio caníbal: "Pavo a la Señorita", "Pequeños bizcochos y panecillos tiernos" y un plato de difícil traducción: "Pompano Sarah Bernhardt". 





Ahora, a todos nos desternillaba que un plato de pescado se llamara como una de las actrices más grandes de todos los tiempos, y esta debió ser la intención de Ungerer. También sabíamos que esta referencia de Sarah Bernhardt podía resultar difícil para España y Latinoamérica. Así que acordamos buscar a alguien que tuviera una fama y porte similar. Tras barajar algunas misteriosas candidatas, bautizamos al plato en cuestión "Bacalao a la María Félix". Esta actriz de la Era de Oro del cine Mexicano, al igual que Bernhardt en su momento, interpretó varios de los papeles más grandes de su época y fue adorada por el público y la prensa. Por todas estas razones, María Félix se ganó el "bacalao" de Sarah Bernhardt, y Zeralda se ganó el corazón y el estómago (sobre todo el estómago) del ogro.


viernes, 19 de agosto de 2016

Olfato perruno: la tarea del traductor

En esta ocasión, Teresa Duran, autora, ilustradora, profesora y especialista LIJ, relata algunas anécdotas en torno a su trabajo como traductora de Animales domésticos (Les animaux domestiques en francés), del escritor e ilustrador francés Jean Lecointre


Bueno -si hay que confesar la verdad- la traducción de Animales domésticos, de Jean Lecointre, empezó de un modo muy sosegado y apacible. Y es que siempre que puedo, antes de Navidad, me apetece viajar hasta París para visitar el Salon du Livre de Jeunesse (Salón del Libro Juvenil) de Montreuil. Y para allí me fui en el año 2008. Deambulando y deambulando por sus pasillos abarrotados de niños, iba agudizando mi más inquisitiva mirada de halcón para ver qué había de nuevo en el mercado que pudiese enriquecer mi colección casera. Mi olfato perruno me llevó hasta el stand de las ediciones de Thierry Magnier, parada obligatoria y de donde salgo siempre más cargada que un burro. Allí me topé con un libro que tenía una estética insólita dentro de la LIJ, como de fotonovela coloreada, cosa que me hizo ronronear golosamente. 


Sin ni siquiera leerlo ni atender a recomendación alguna, gatunamente me lo compré. Aquella misma noche me lo leí y me tronché. De vuelta a casa se lo mostré y leí a mis compinches de la pandilla de mosqueadas forofas del libro álbum de mi Facultad; se rieron y se lo compraron en Amazon. Cuando al cabo de unos meses vinieron los editores de Ediciones Ekaré a cenar en casa -¿de qué íbamos a hablar si no de libros?- les saqué los que más me gustaban de mi biblioteca, entre los cuales estaba Les animaux domestiques. Yo se lo iba traduciendo a lo bestia, en directo y sin red, al buen tuntún. Irene Savino, directora de arte de Ekaré, se fascinó por su estética, y yo pude explicarle que el autor, de quien yo ya había buscado datos en internet, se trataba de un artista digital de mucho prestigio, pero no pude acabar con mi pedante y marrullera explicación, porque Carmen Diana Dearden, presidenta de Ekaré, se estaba regodeando de lo lindo con la aventura de los señores Archibald, y no me dejó ni acabar aquella improvisada traducción porque sentenció: "¡Hay que publicarlo en Ekaré!", de lo que el editor Pablo Larraguibel tomó buena nota, porque al cabo de un tiempo me llamó para decirme que ya tenían los derechos y que confiaban en que yo quisiera traducirlo al español y al catalán. Dije que sí. Y lo hice con sumo placer y alguna que otra duda o sorpresa lingüística.  


¡Anda que no le dimos vueltas a lo de publicar o no el nombre científico real del último personaje que aparece en escena! Aparentemente es una polilla, pero no. El nombre español exacto y científico del insecto reproducido es mariposón, lo que en algunas latitudes hispanas suena casi como un insulto. Y como por añadidura, en el texto en francés, al tal nombre le sucede el adjetivo nocturno. El resultado subía enormemente el tono del relato, lo que me hacía dudar. Fue Carmen Diana Dearden quien dirimió la cuestión dando luz verde al resultado. Y me alegré. Casualidades así añaden sal y pimienta a la tarea de traducir. 


En Animales domésticos hay epígrafes en catalán que destilan una gracia y un humor que no se obtienen en la versión española, y viceversa, como en el caso del mariposón nocturno. Cosas de la vida…