viernes, 28 de abril de 2017

El armario chino: un libro de ida y vuelta

De acuerdo con el escritor Peter Turchi, la paciencia y la disposición para aceptar la complejidad tiene una particular relevancia en nuestros días, cuando parecemos empujados a la simplificación y reducción de las ideas. En este sentido, la literatura puede recordarnos el valor y la importancia de detenernos para pensar, pero, sobre todo, para abrazar el misterio y la dificultad como puentes hacia la imaginación. De ahí que Javier Sáez Castán nos desafié una vez más con su libro El armario chino. Acá les dejamos un texto del autor-ilustrador que, más que intentar dar respuestas, invita al lector a abismarse en el enigma de su nueva obra.








1. Las crónicas de Narnia de C. S. Lewis | 2. Alicia a través del espejo. Ilustración de John Tenniel | 3. El Armario Chino de Javier Sáez Castán | 4. Etiqueta de una caja de cerillas tradicional| 5. Naipes | 6. Reloj de arena | 7. Agujero de gusano | 8. Little Nemo de Winsor McCay | 9. El armario chino de Javier Sáez Castán | 10. Alicia a través del espejo. Ilustración de John Tenniel


Texto e imágenes de Javier Sáez Castán para el encuentro en las instalaciones de IBBY México, a propósito del Premio Nacional de Ilustración 2016. 

miércoles, 5 de abril de 2017

Palabras de Arianna Squilloni sobre El armario chino

Arianna Squilloni, escritora de En casa de mi abuelos y fundadora de la editorial A Buen Paso, escribió para la presentación de El armario chino de Javier Sáez Castán un texto repleto de ideas, claves y preguntas, e incluso alguna que otra respuesta en torno a un libro extraordinario. Va aquí como memoria de un encuentro inolvidable en la librería Abracadabra en Barcelona, España. 

China está lejos, eso se sabe, tan lejos como el azul lo está del color rojo, como lo que cada uno de nosotros es lo está de lo que podría ser; lo que cada uno hace, de lo que podría hacer, como el agua del fuego.

Como todo lo que está lejos, todo lo que es otro, China nos atrae, al menos suele hacerlo, al menos lo hacía en la Europa de hace algunos siglos… Como todo lo que está lejos, nos atrae al mismo tiempo que nos da miedo y nos repele.

Javier Sáez Castán, de la mano de Ekaré, nos trae un extracto del catálogo de antigüedades chinas de un tal Mons Snow, este extracto (lleno de pequeños acertijos) nos habla del armario chino y nos ofrece un ejemplo práctico de su funcionamiento. Nos habla Mons Snow de un objeto encontrado en el barrio chino de San Francisco en 1881, cuando era joven, cuando la vida le sonreía y todo hacía presagiar un brillante futuro para él.

Mons Snow, este señor de extraño nombre especular que ahora nos escribe desde un lugar llamado Neuquén, nos ofrece todos los ingredientes de una historia inquietante, de una historia al estilo de Poe, en la que sabemos que estamos a punto de toparnos con un objeto, un catalizador del cambio y de la obsesión.

En la oscuridad de un miserable bazar, descubre Mons Snow el armario chino y con él se dará pronto cuenta de que la oscuridad puede ser luz, que el azul puede ser rojo, que la distancia que media entre lo que somos y lo que podríamos ser es una relación entre probabilidad y casualidad. Lo que nos hace aterrizar en que lo real es determinado por las circunstancias que se meten en medio. Así como en el libro se mete en medio una habitación que no solo contiene un armario chino, sino que además media entre el fuego de la chimenea del comedor y el agua de la bañera.

La distancia entre la oscuridad y la luz es la distancia que hay en un intervalo de cinco minutos, entre el revuelo causado por un gato negro que juega con un ovillo y el silencioso aletear de una mariposa blanca.

Un gato negro, una mariposa blanca, un armario chino. Entonces uno no puede evitar tener algunas ideas, pensar en ciertos conceptos que están allí, han estado allá en China desde hace tiempo incontable: como por ejemplo el hecho de que cada ser posee un complemento que es necesario para su propia existencia, la idea del doble, de manera que nada existe en estado puro (a pesar de que los padres del libro se empeñen en bañar al hijo rojo para que sea azul y al azul para que vuelva a ser rojo). Tampoco nada existe en absoluta quietud (lo quieto adquiere cara de pasmado, como el tigre en el comedor, los patos* en la habitación y el pez en el baño). Sino que todo está en continua transformación. Y que cualquier idea, mirada desde otro punto de vista, acabará pareciéndose mucho a su contraria.






El yin y el yang: opuestos, interdependientes, divisibles, generados y consumidos mutuamente, susceptibles de convertirse en su opuesto, alojados el uno dentro del otro.

Hay en todas estas consideraciones un sabor curioso, un sabor a física cuántica, al funcionamiento del mundo tal como nos lo describe esta teoría. Quizás a los chinos no les suene tan rara (por lo visto lo saben desde siempre), pero a los occidentales… Dicen que técnicamente –es decir, desde un punto de vista práctico– la física cuántica funciona, pero que los científicos y los filósofos enloquecen tratando de describirla, de darle un marco teórico, porque ¿cómo explicar unas ondas, un mundo que, si bien se describe a través de ondas, cuando las observas se transforman en partículas? ¿Son ondas o son partículas? ¿No tendrían que decidir en qué lado están? Por lo visto no. Y por lo visto el armario chino lo explica.

Nos dice que la realidad no es estática, que todo es relación, así como las diminutas partículas de materia se hacen visibles solo cuando interactúan las unas con las otras. Por eso el niño se halla siempre en una fase de tránsito a través del armario, un armario que al principio estaba oculto en el caos de un miserable bazar chino…

Es de las barracas de feria, de los lugares sórdidos, a menudo de paso, de donde salen muchos de los escenarios y los objetos de S.C. (la máquina de sueños de Soñarío, los animales prodigiosos que se encuentran en Revillodia). Hay que concentrar la mirada, focalizarla en un punto concreto y diminuto para hallar el prodigio (eso no le pasa tan solo al autor, sino que le pasa también al Pequeño Rey con sus insectos, es como si este rey mirara el mundo a través de una lente). Y, cuando das con el objeto adecuado, ya te vuelves presa de su misterioso poder desestabilizador, ese mismo poder que tan solo poseen la curiosidad, el anhelo de conocimiento, vaya, los rasgos característicos del ser humano.

Javier Sáez Castán en sus obras nos hace partícipes de sus hallazgos: y, fiel a su espíritu de feria y a los gabinetes de curiosidades, para contarlos los pone en escena, por ejemplo creando una pantomima en dos actos para representar el natural recorrido de la naturaleza y de la cadena de actos y consecuencias, en el caso de los tres erizos; o creando un interior sobrio, tres habitaciones para escenificar el funcionamiento de un objeto provisto de un poder admirable, el armario chino precisamente. Ese artefacto inquietante, capaz de enredarte en juego del que no lograrás salir porque, tal como la vida, te darás cuenta de que siempre ha estado allí contigo. En una forma u otra.

*A la hora de hablar de los patos, puntualiza el autor que la que escribe este texto también se ha quedado pasmada al perderse la imagen de transformación que encierran: ¿serán patos con la boca abierta o conejos?”


Arianna Squilloni. Librería Abracadabra, octubre 2016

martes, 4 de abril de 2017

Tardes de Altamira: Altibajos de la LIJ

En la segunda sesión de Tardes de Altamira en Ediciones Ekaré, Teresa Duran, autora y crítica de literatura infantil y juvenil (LIJ), doctora en Pedagogía y profesora del Departamento de Didáctica de la Educación Visual y Plástica de la Universidad de Barcelona y gran amiga de la editorial, despertó un interesante debate sobre los altibajos de la LIJ. Estas tardes, programadas para los últimos miércoles de cada mes, se transmitirán por Facebook Live para todos aquellos que deseen seguirlas en directo, desde cualquier lugar.


"El mundo es grande, muy grande. Aunque está lleno de cosas pequeñas, a veces muy pequeñas.
Tan ínfimas como los átomos o las células.

Las cosas grandes, a menudo, hacen sombra a las cosas pequeñas. Y no dejan verlas. O las ningunean. No sé por qué...

En este mundo existe la costumbre de oponer las cosas: lo bueno y lo malo, lo fuerte y lo débil, lo tonto y lo sabio, lo alto y lo bajo, lo gordo y lo flaco, lo claro y lo oscuro, etc.

La disparidad no es negativa, al contrario: lo distinto acostumbra a resultar atractivo y fecundo cuando se junta. Lo malo es que, demasiado a menudo, en lugar de sumar o multiplicar conceptos distintos, se les jerarquiza.

Entonces, uno de los opuestos pasa a considerarse mejor que el otro y a todas luces superior. En general se tiende a fijarse más en lo aparentemente mayor que en lo aparentemente menor, y se prefiere lo fuerte a lo frágil, lo sabio a lo a tonto, lo rico a lo pobre, etc… Y se da prioridad a lo mayor, más rico o más sabio. No sé por qué…

Son grandes los océanos, más que las tierras. De entre las tierras, parece que hay más en el norte que en el sur. Y por ello el Norte se supone más importante que el Sur. No sé por qué…

Son grandes las montañas, más que las piedras. Pero hay más piedras que montañas. Y, al fin y al cabo, las montañas están hechas de piedra…en su mayoría, ¿no?

También es cierto que las piedras son más grandes que un grano de arena, pero es de suponer que hay infinitamente más granos de arena que piedras o, por supuesto, montañas.

No lo sé, nadie ha contado cuántos granos de arena hay en este mundo. En cambio sí se pueden contar las montañas porque, además, alguien les puso nombre".


Para ver el resto del encuentro haz click en el video:





Y para todos aquellos que tengan interés, encontrarán en este enlace un resumen y el video de la primera sesión: Anna Castagnoli y Arrianna Squilloni, La experiencia como jurados en la Muestra de Ilustradores de Bologna. 


Tardes de Altamira, miércoles 29 de marzo de 2017. Barcelona, España.

jueves, 23 de marzo de 2017

Tardes de Altamira: experiencia como jurado en la Feria de Bologna

El miércoles 22 de febrero se iniciaron las Tardes de Altamira en Ediciones Ekaré, un ciclo de encuentros para conversar sobre libros ilustrados, ilustración, lectura, creación… en definitiva, dijo Irene Savino en su presentación, las “cosas que nos gustan”. Estas tardes, programadas para los últimos miércoles de cada mes, se transmitirán por Facebook Live para todos aquellos que deseen seguirlas en directo, desde cualquier lugar.

En la primera Tarde de Altamira, Anna Castagnoli (ilustradora y crítica especializada en literatura infantil, autora del blog Le figure dei libri) y Arianna Squilloni (escritora y fundadora de A Buen Paso) conversaron sobre su experiencia como miembros del jurado en la Muestra de Ilustradores de la Feria del Libro de Bologna.



En la edición 2014 de la muestra, en la que Anna Castagnoli participa como jurado junto a Kitty Crowther (ilustradora), Errol van der Veldt (director del Museo Textil de Holanda) e Isabel Minhós (editora de Planeta Tangerina), la organización de la feria les da una única pauta: elegir "cosas nuevas", que hablen de como podría ser la ilustración en los próximos cinco años.

«La muestra de ilustradores se ha vuelto la vitrina más interesante del panorama de la ilustración, 
porque siempre propone nuevos lenguajes».

En un plazo de cuatro días, el jurado debe escoger entre más de 3000 ilustradores de todo el mundo, los 60 o 70 más destacados. Cada ilustrador participa con cinco imágenes del mismo tema, relacionadas entres sí. A partir de la primera selección del jurado, quedaron 260 ilustradores con un nivel mínimo de calidad sobre el cual todos estaban de acuerdo.

«Casi no he dormido pensando qué tengo que hacer aquí, tengo que elegir ilustraciones, pero, ¿por qué? Entonces volví a pensar lo que era la ilustración para mí cuando era niña, y era algo como un mundo que tenía el mismo valor de realidad que el mundo real, pero en el cual podían pasar cosas magníficas e increíbles. Quiero elegir en estos días algo que tenga ese sentimiento de mundo maravilloso».

Los cuatro miembros del jurado tuvieron una reflexión parecida después de la selección preliminar, cada uno había establecido criterios importantes para elegir las ilustraciones: mundos increíbles y maravillosos, capacidad de dar vida a personajes que transmitieran emociones y sentimientos, la posibilidad de ver el mundo de otro punto de vista, mundos creíbles y vivos.


1. «Este gesto tiene una suspensión casi del tiempo, esa sensación de ser un mundo en el cual creo». (Ilustración: Kazuhisa Uragami)
2«En cuanto a la gráfica nos gustaba mucho a los cuatro, nos parecía muy interesante». (Ilustración: Anastasia Stročkova)
3. «La intensidad, la velocidad del gesto». (Ilustración: Arianna Vairo)
Los miembros del jurado tenían clara la idea de valorar una ilustración con sentimiento aunque la técnica no fuera perfecta. Muchas veces lo que podía contar la secuencia narrativa de cinco imágenes jugaba un papel muy importante para la selección. 

«La palabra que encontramos para definir nuestro criterio era honestidad».




4. «Un oso panda no ha vivido nunca al mismo tiempo que un dinosaurio, pero en la primera imagen el oso duerme, en la última hay un lenguaje casi de video juego y eso nos hizo pensar que quizás la realidad que percibimos no era cierta». (Ilustración: Marco Bassi)
5. «Parecía demasiado académica, pero al ponerlas en orden no solo cambiaba la posición de la cámara, también cambiaba la posición de la sombra, era un día que pasaba. Una mezcla de un lenguaje cinematográfico con algo que sólo puede pasar en el mundo del dibujo». (Ilustración: Leila Chaix)

Si alguno de los miembros del jurado no estaba de acuerdo, los otros tenían que convencerlo. Cuando alguien argumentaba bien podía cambiar la idea que los otros tenían de la ilustración, por eso, a pesar de que todos los miembros del jurado no hubieran estado siempre de acuerdo, las ilustraciones seleccionadas tienen el consentimiento de todos.

«En mi idea de ilustración para niños el único criterio que tiene que haber es esta capacidad de transmitir algo, como en el teatro o el cine, una emoción humana, y no sencillamente estética».

En la muestra 2014, uno de los rasgos comunes entre lo que seleccionaron como "novedoso" era la ausencia de color, en cambio, tres años más tarde, cuando Arianna Squilloni participó como jurado en la muestra 2017, al ver la selección «había que ponerse las gafas de sol».

«La diferencia entre lo que es infantil y adulto en mi caso fluctúa bastante».

En 2017 participaron también como jurados: Steven Guarnaccia (ilustrador y diseñador estadounidense) Jean-François Martin (ilustrador francés), Harriet Birkinshaw (editora de Flying Eye Books) y Daniela Stamatiadi (ilustradora griega).

Cuando se trataba de ilustraciones digitales, la calidad de la reproducción impresa era fundamental, la consideración del color, el tipo de papel y el acabado final,  eran muy importantes para poder apreciar la ilustración.


Cada miembro del jurado tenía puntos de vista completamente distintos, sin embargo, en la selección inicial coincidieron al escoger cinco conjuntos de ilustraciones con una tendencia de color muy parecida, aun cuando dentro de la secuencia de imágenes hubiera conceptos muy diferentes.


«En medio de todas las diferencias, había cosas que nos habían gustado a todos en la misma línea».

«Cuando pusimos en una mesa todas las imágenes que tenían cuatro o cinco preferencias, esto fue lo que pasó. ¡Había que ponerse las gafas de sol!».  


6. Ilustración: Cristina Spanò  |  7. Ilustración: Ximo Abadia  |  8. Ilustración: Ana Bustelo

La intención del jurado era hacer una selección donde se mostrara un poco el panorama general, propuestas actuales y ecos de lo que está pasando en el mundo de la ilustración. «Estaba todo lleno de zorros, nos preguntamos si está volviendo el personaje listo de los cuentos». Los temas recurrentes eran: zorros y ballenas, arquitectura geométrica, selvas y bosques exuberantes.


9. «Lo que fascinó al jurado fue la atmósfera de la noche, lo tranquila que se siente esta niña. Es esa sensación de habitar el mundo». (Ilustración: Ramón París)
10. «Tiene una síntesis narrativa y plástica dentro de la misma imagen que es fascinante, están pasando cosas increíbles allí dentro, esta vivo». (Ilustración: Manuel Marsól) 
11. «La sensación de la inmensidad que nos envuelve me pareció maravillosa». (Ilustración: Miren Asiain Lora)

El conjunto final de la muestra incluye a ilustradores de todo el mundo con estilos muy diversos, como resultado de una dinámica de debate constante entre los miembros del jurado, vital a la hora de escoger, convencer al otro, plantear dudas, defender posturas y en definitiva, ponerse de acuerdo para alcanzar un criterio de unanimidad.



lunes, 13 de marzo de 2017

Taller de gigante

Para las ilustraciones de Los últimos gigantes, François Place ensayó una y otra vez "hasta conseguir lo que tenía en mente". Antes de dar color a las imágenes con tinta y acuarela, utilizó una plumilla para esbozar los primeros trazos. Acá les dejamos algunas imágenes de figurillas, bocetos y storyboards que forman parte del mundo imaginario de este libro. 

Diente de gigante: figurilla con grabados y viñeta final

Gigante sentado: boceto a tinta e ilustración final

Gigante: figurilla e ilustración final de portada

Gigantes dormidos: bocetos en acuarela e imagen final

Storyboard a tinta e ilustraciones finales
Desde su taller, François Place nos envío generosamente las imágenes de las figurillas. Los bocetos y storyboards fueron tomados de la página web del autor: http://www.francois-place.fr/ 

Cartografía de un encuentro

Christophe Meunier y François Place en Libr’Enfant…
"Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro", dice la escritora Emily Dickinson; y si nos acercamos a la obra de François Place podemos sentir que "el viaje es el corazón de sus obras". Compartimos con ustedes un encuentro entre el autor-ilustrador de Los últimos gigantes y Christophe Meunier, colaborador del blog Les territoires de l’album, a propósito de la edición aniversaria de este libro inspirado en las grandes expediciones científicas del siglo XIX.

  Los últimos gigantes


Christophe Meunier
Este álbum ha generado el más alto interés por parte de la comunidad científica y los especialistas en literatura infantil. La naturaleza misma de la obra es objeto de debate: ¿Se trata de un libro ilustrado o de un álbum iconotextual? El diseño del texto, el soporte, la articulación de imágenes enigmáticas. La elección, por ejemplo, de un pequeño formato a la italiana que permite la expresión de los paisajes, el juego de escalas con los gigantes. ¿Tal vez detrás de esto se esconda la idea de un diario de viaje?

Los últimos gigantes
François Place
En efecto, hay algunas razones para este formato. El texto se termina con la muerte de los gigantes y la escritura es bastante compleja –al menos para los más pequeños. Por lo tanto, trabajé con Casterman (editorial franco-belga que publicó el libro por primera vez en 1992) en un "formato ideal". Para simplificar, podemos decir que los libros-álbum de gran formato son más bien para los más pequeños. En el interior, una vez abiertos, son como un teatro. Por esta razón, con el editor, trabajamos en un formato más pequeño, próximo a la novela, para indicar que el libro va dirigido a lectores más experimentados. Como el texto está ordenado por una sucesión de imágenes, la página de la derecha no tiene siempre las mismas dimensiones. Definimos una longitud de líneas, un tipo de fuente y de interlíneas, en función del bloque de texto más corto y el más largo, que ha determinado la dimensión final de la página, y del libro.

En ese momento estábamos un poco preocupados de cómo iba a ser recibido por el público, porque la historia es dura. Pero esto era en 1992, y, para ese entonces, el libro ilustrado había ganado lectores más adultos. Pienso en las obras de Fred Bernard y François Roca, por ejemplo. He recibido una decena de años más tarde, una carta de una estudiante universitaria que ha escrito un libro llamado La langue est-elle fasciste? (¿La lengua es fascista?), en donde atacaba violentamente al libro. Yo ya había anticipado un poco este tipo de críticas y dije que el libro no era para niños de cinco años.




Los últimos gigantes






El mapa y el viaje


CM: Ya sea a través de los libros: Los últimos gigantes, L’Atlas des géographes d’Orbae, La fille des batailles o en la novela La douane volante, el viaje es el corazón de tus obras. Buena parte de tus libros tocan el tema de los mapas también. ¿Es un recurso para ilustrar y pensar en los paisajes imaginarios que va construyendo la narración?


De arriba a abajo: Los últimos gigantes | L’Atlas des géographes d’Orbae (Tome 2) | La fille des batailles | La douane volante






























































FP:
En principio soy un ilustrador. De hecho, cuando comencé a escribir sobre la serie documental Découverte Cadet, pasé mucho tiempo en la biblioteca tomando notas sobre crónicas de viajes y los bocetos en grabado, los altlas. Construí una base de datos que siempre tomo como referencia para el diseño y los paisajes. Después, como quien se siente apasionado por la música, entro más y más en la sutileza de las cosas y ahí uno se da cuenta de que hay una evolución del mapa, por ejemplo, y que las ilustraciones que acompañan las historias de viajes cambian en función de la mentalidad de la época. Eso es lo que me interesa saber, como las personas se percibían las unas a las otras. Eso nos recuerda mucho la manera cómo se veían, de entenderse. En un diario de viaje del siglo XVII, un viajero se dirige a los persas e informa que ha visto personas con pies calzados de hierro. Por supuesto, esto es imposible, pero él explica que el sultán tiene un número de caballos que corren mucho y a todas horas, entonces, para protegerse las pezuñas, se ven obligados a llevar grilletes. Incluso añade que tienen una forma secreta para estar siempre activos: ¡se han hecho extirpar el bazo! Y esto es sacado de un diario de viaje muy serio que hace observaciones muy finas sobre la comida, el vino, etc. El primero de los grandes exploradores occidentales, es Alejandro Magno. Se trata de alguien que pensaba ir hasta los confines del mundo. En ese momento, uno empieza a sentir que el mundo es posible de aprehender. Sus viajes influyeron en la imaginación romana, árabe, persa...



 Mapa de la montaña  de Esmeralda  |  Mapa del país de Baïlabaïkal. L’Atlas des géographes d’Orbae (Tome 1)

Escribir para los niños

CM: Para finalizar, me gustaría discutir sobre tu trabajo como autor de libros para niños, que constituye casi la totalidad de tu obra.

FP: Es verdad, pero creo que en parte es porque la mayoría de mis libros son leídos también por los adultos. En clase, por ejemplo, por tener mucho de mundo y de viajes –el mismo Atlas que es bastante complejo–, trabajo con mis libros en 6º grado con mucho entusiasmo, porque su propuesta es muy rica. Sin embargo, debo aclarar que mi escritura no está "trabajada" para los niños.

CM: ¿Cree que estas historias que tienen que ver con el viaje, la búsqueda del espacio, los encuentros con otras personas, pueden ayudar a los niños a reflexionar sobre su manera de vivir? ¿En un espacio de su cabeza tiene ese deseo?

FP: Hay una preocupación real por el agotamiento de los entornos naturales. Sin embargo, la Tierra sigue en apuros. Creo que cuando uno se sumerge en los antiguos diarios de viajes, hay una cierta fascinación que también se asocia con un gran sentimiento de temor. El filósofo Michel Serres dice que hasta hace muy poco la naturaleza era mucho más fuerte, entonces el hombre tomó la delantera. En la actualidad, la naturaleza está en proceso de recuperar su superioridad de otra manera: el cambio climático amenaza la supervivencia de nuestra especie, que causó la contaminación y los gases de efecto invernadero. Mirando hacia atrás en los imaginarios del mundo, los mapas que tenemos ahora a nuestra disposición son tomados por satélites, procesados e interpretados por una computadora. Siempre, en el mundo de la ciencia, los descubrimientos geográficos eran paralelos a los del cuerpo humano. La evolución de los atlas geográficos acompaña de manera extraña la evolución del atlas anatómico. Parece que tenemos el mismo deseo de entender el espacio interior y el espacio exterior, eso que llamamos el gran mundo y el pequeño mundo. Las imágenes de satélite, por ejemplo, son muy cercanas a las imágenes médicas: tienen los mismos procesos de tratamiento. Son curiosas e inquietantes, como si se quisiera tomar el pulso de la Tierra cada minuto. Por último, yo realmente no quiero transmitir todo esto a los niños. Sin embargo, si quiero hablarles de diversidad, multiplicidad, oportunidades para el descubrimiento, formas de pensar, de superarse: esto me resulta más interesante que hablarles de temas angustiantes.

Rencontre avec François Place à la Médiathèque du Marsan. Imagen tomada de: mediathequedumarsanlecturecube.over-blog.com
Entrevista realizada en francés y con mayor extensión en el blog Les territoires de l’album. Traducción de Careny Galarraga

viernes, 24 de febrero de 2017

La melodiosa voz de los gigantes

Con la aparición de Los últimos gigantes de François Place se publicaron varias reseñas de parte de lectores y especialistas; entre ellas una del escritor Juan Ignacio Muñoz-Tébar, autor de Duermevela (Ekaré, 2017). Acá les dejamos algunos fragmentos.


Sin duda, hay momentos en los que no sabemos distinguir con claridad cuál es la frontera entre lo real y lo fantástico. Aquellos que se obsesionan con este intangible lindero a menudo intentan reconocer indicios o marcas que hagan más seguro su recorrido, y hasta llegan a realizar tremendos esfuerzos para delimitar los espacios, acciones y personajes que se inclinan hacia lo verosímil o hacia lo imaginario. Sin embargo, suelen olvidar que muchas veces ambas cosas se confunden y sencillamente son indisolubles. 

Archibald Leopold Ruthmore, después de descifrar el mapa tatuado en un diente de gigante, no titubeó ante la posibilidad de emprender un viaje hacia un lugar remoto que se perdía en el tiempo y en las leyendas. Desde su saludable ocio decidió que valía la pena, tanto para su gloria personal como para la ciencia, emprender la aventura de comprobar la existencia de los gigantes. 

Los gigantes acogen afablemente al protagonista y éste comprende que recién ahora comienza su verdadero estudio descriptivo: "Una tarea a la altura de Archibald Leopold Ruthmore, si lo miramos bien…" Sin embargo, si miramos bien las delicadas imágenes que conforman el libro, notaremos cómo queda relativizada la altura de este presumido explorador. Sus ínfulas de grandeza son minimizadas por los límites que establece el imponente tamaño de los gigantes y la inmensidad del paisaje. Las ilustraciones de Francois Place, además, nos ofrecen una perspectiva elevada y distante, como si apreciáramos cada escena desde los ojos de un gigante sentado o, si se prefiere, como si el lector fuese un gigante que observa a través de las ventanas que hay en el libro. De este modo, queda en evidencia la pequeñez de Archibald y de todos los hombres ante el mundo que los circunda, así como su pretensión de hacer de este mundo algo obligadamente aprehensible que deba ser llevado a la escala humana. Sin embargo, hay que aclarar que por medio de esta disminución no se sugiere que Archibald Leopold Ruthmore es una mala persona; él solo es una víctima de su propio afán de crear límites en el terreno de lo desconocido, de clasificar un espacio real que pertenece a la fantasía. 


En efecto, al medir todo con los instrumentos de la razón, Archibald, lastimosamente, acorta el aspecto emocional de ese rico contacto fantástico. Todo el cuerpo de los gigantes está colmado de tatuajes que se dibujan espontáneamente y que representan cada vivencia que los ha marcado. En contraste a esto, Archibald parece mantenerse intacto ante lo que vive; ni siquiera llega a quitarse su sombrero de copa a lo largo de su estancia en el país de los gigantes: 
Además, sus pieles parecían reaccionar a las más ínfimas variaciones de la atmósfera: se estremecían al menor soplido del viento, ofrecían visos de resplandores bajo el sol, temblaban como la superficie de un lago o tomaban los matices sombríos del océano en tempestad. Comprendí entonces por qué a veces me miraban con piedad. Además de mi tamaño, era mi piel muda la que los afligía: yo era un ser sin palabras.
Y de alguna forma lo era. No fue hasta el momento en que Archibald volvió al mundo de los hombres cuando pudo retomar verdaderamente la otra palabra, la suya. Entonces se atrevió a pronunciar una historia impronunciable y se olvidó de escuchar la melodiosa voz de los gigantes. Una voz que trataba de recordarle que hay cosas que deben permanecer vivas en el silencio.


Reseña original publicada, con mayor extensión, en el Boletín Nº 16 de la Fundación Kuai-Mare del Libro Venezolano.