lunes, 17 de julio de 2017

Entrevista a Micaela Chirif

A lo largo de su trayectoria, los libros de la escritora peruana Micaela Chirif han sido seleccionados en dos ocasiones dentro de la lista White Ravens de la Internationale Jugendbibliothek de Múnich. En 2013, ganó el prestigioso concurso de álbum ilustrado A la orilla del viento del Fondo de Cultura Económica. Recientemente su libro ¿Dónde está Tomás?, publicado por Ekaré en 2016, recibió el Premio Fundación Cuatrogatos 2017. Con ocasión de la presentación del libro en Perú, Alicia Meza, encargada de prensa de la Oficina de Cultura de la Municipalidad de San Isidro, conversó con la autora acerca de su experiencia como creadora de grandes historias para pequeños lectores.   





☛  En base a tu experiencia como escritora de libros infantiles, ¿cuáles son los intereses de los niños a la hora de elegir un libro? 

Es difícil generalizar: sabemos que no existen "los niños" sino niños individuales, cada uno con sus propios gustos e intereses, igual que ocurre con los adultos. Un gran autor e ilustrador de literatura para niños, Nikolaus Heidelbach dijo que "los niños tienen derecho a leer historias serias: pueden ser divertidas, trágicas, dramáticas, pero tienen que ser serias". Y creo que, en el mejor sentido de seriedad, los niños buscan eso: libros que, sin importar el tema, los tomen en cuenta y, sobre todo, no los subestimen. Quieren libros que se hayan escrito, ilustrado y editado con el cuidado y la seriedad que pedimos a la mejor literatura.

☛ ¿Los niños son un público más exigente que los adultos cuando se trata de leer?

En términos formales, me da la impresión de que no hay público más exigente. Los niños demandan de las historias una lógica muy consistente y sin fisuras. Son rapidísimos para detectar cualquier fallo… ¡y están poco dispuestos a perdonarlo! En términos de selección de lecturas, me parece que los niños son más exigentes entre los dos y ocho años. Estos rangos son siempre relativos pero en ese periodo los niños son lo suficientemente autónomos como para escoger sus propios libros y, al mismo tiempo, son lo suficientemente pequeños como para sentir que deben alinearse con el gusto “aceptado” o dominante. En ese sentido, si se les da el espacio, son mucho más libres con sus lecturas.

☛ ¿Cuán importantes son las ilustraciones en un libro infantil? ¿Dirías que son determinantes?  

Vivimos una suerte de explosión de la ilustración. Por todas partes hay libros ilustrados y muchos de ellos son en verdad muy elaborados y hermosos. Creo, sin embargo, que a veces perdemos de vista dos cosas importantes. Por un lado, que las imágenes se leen siempre desde el lenguaje. Hay un texto subyacente a toda ilustración y a todo libro, incluso en el caso de los libros no narrativos o en el caso de los libros sin texto. Si no fuera así, lo único que tendríamos sería una sucesión de imágenes inconexas que no dirían nada. Por otro lado, es cierto que la ilustración es fundamental para ciertos formatos, como el libro álbum. Pero no lo es para otros. Recordemos que durante muchísimo tiempo la literatura fue estrictamente oral y que, en ciertos casos, la ausencia de ilustraciones nos permitía una mayor libertad para imaginar. Y estoy segura de que el lobo que creaba nuestra imaginación era siempre más atemorizante que el que se podía ilustrar.

☛ ¿Qué recomiendas para lograr acercar a los niños a la lectura?  
                       
Por un lado, el disfrute: que leer no sea una tarea impuesta desde un marco excesivamente pedagógico. Por otro lado, en un segundo momento, el esfuerzo: no todos los libros tienen que ser fáciles y se puede enseñar a disfrutar del placer de desentrañar aquello que no resulta accesible de manera inmediata.


Jardín de Libros es un programa peruano dedicado a la promoción de lectura. En 2016, en el marco de la presentación de ¿Dónde está Tomás?, compartieron un encuentro con la autora Micaela Chirif: ¡Asómate! 




jueves, 29 de junio de 2017

Un salto a la niñez: entrevista a Leire Salaberria

El espacio con calcetines y bufandas flotantes, la selva llena de amistosos gorilas, el pasado y sus volcanes en erupción. Tucanes enormes, un jaguar conversador, dinosaurios y un unicornio rojo. La imaginación del protagonista de ¿Dónde está Tomás? no tiene límites, tampoco la de Leire Salaberria, creadora de los mundos coloridos y entrañables donde transcurre esta historia.


✽ Has dicho que tus libros siempre se parecen un poco a ti. ¿Qué hay de Leire en Tomás?

Creo que cada autor deja su propio rastro en las ilustraciones, hay mucho de cada uno de nosotros en nuestros dibujos e historias; son parte de nuestro día a día y eso de algún modo se ve reflejado en el trabajo. Para mí, Tomás ha sido un salto a mi niñez y a los recuerdos que tengo cuando jugaba en casa con sillas y mantas creando cabañas o con una simple caja.

«Tuve una infancia con
pocos juguetes, pero con
muchísima imaginación».



Cuando dibujé ¿Dónde está Tomás? me quedé embarazada de mi niña y el libro ha sido parte de mi embarazo también.


«Lo fui creando desde la visión
de una niña y futura madre;
a veces fui la mamá
y otras veces Tomás».



✽ Han pasado solo 5 años desde que publicaste tu primer libro y no has parado de ilustrar. ¿Qué te seduce del mundo editorial?

Cuando llueve. Faktoria K de libros, 2011.
Lo que más me gusta del mundo editorial es el momento en el que recibo el encargo o me viene la idea de un libro: ese momento en el que todo puede ser y vas viendo por dónde tirar. Es el momento más mágico de todo el proceso. Disfruto mucho cuando las ilustraciones aún están en mi imaginario y al cabo de un tiempo se convierten en papel. Es emocionante dar vida en forma de dibujo a algo que antes ha estado en tu mente, y hacerlo casi real. Después, recibir el libro es muy gratificante, pero para entonces normalmente estoy inmersa en otro proyecto dónde aún todo está por hacer. Es un círculo vicioso.



 ¿Qué otras áreas de la ilustración te gustaría explorar?

Tengo muchas ganas de hacer cómic. También me apetece adentrarme más en el mundo adulto y hacer ilustraciones en un tono más serio para este tipo de lector, pero me sigue encantando el mundo infantil. La animación también me gusta, ya he trabajado anteriormente pero en los proyectos de otros, me gustaría algún día poder ver con vida a mis personajes.

Autorretrato
Leire (1983) estudió Bellas Artes e hizo postgrados en Ilustración y Diseño. Su trabajo ha sido seleccionado y expuesto en diferentes países y ha publicado libros en Italia, México, España y Chile.

Conoció la historia de Tomás por un correo de su autora, Micaela Chirif, y reconoce que el proyecto la enganchó desde un principio. "Hice un par de ilustraciones de prueba que después enseñamos a Verónica Uribe, presidenta de Ekaré Sur. Luego, ya entre las tres, fuimos dándole más vueltas al proyecto, concretando más cada escena y buscando los personajes. Fue un proceso intenso, largo y muy meditado", recuerda.

Para conocer más del trabajo de Leire: leiresalaberria.blogspot.com.es 

Entrevista realizada por Bernardita Cruz 

jueves, 22 de junio de 2017

Entrevista ilustrada: Mons Snow

Javier Sáez Castán es el autor-ilustrador de Los tres erizos, La merienda del señor Verde y El Pequeño Rey. A lo largo de su trayectoria ha recibido diversos premios, incluido el Premio Nacional de Ilustración 2016 de España. En esta ocasión, compartimos con ustedes una entrevista ilustrada a Mons Snow, heterónimo que utilizó para escribir su último libro, El armario chino. ¡Vean y disfruten!


¿Qué sueñas?

¿Qué profesión admiras?

¿De dónde venimos?

¿Quién es tu mejor amigo?

¿Cómo se sale de un armario chino?

¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
Entrevista inspirada en el concepto Illustrated Interview del New York Timeshttps://www.nytimes.com/video/illustrated-interview

martes, 23 de mayo de 2017

Trazando infinitos

Adolfo Córdova es, además de escritor, periodista e investigador, creador del blog especializado en LIJ: Linternas y bosques. Para cerrar el 2016, realizó su propia selección de los mejores libros ilustrados de ese año. En el texto, incluye El armario chino de Javier Sáez Castán, un libro que "pondrá de cabeza a los lectores". Gracias a Adolfo por ofrecernos esta reseña de idas y vueltas. 



Le he dado vueltas y vueltas. Termino y vuelvo a empezar. Leo una historia y releo su reflejo. Pero, ¿hay reflejo?, apenas lo leo ya parece el original. Este álbum traza infinitos, ∞. Sus viñetas se leen siempre en viceversa. En ellas están atrapados Anna y Otto, palíndromos y esposos que van y vienen, o vienen y van, de una estancia al cuarto de su pequeño hijo, Kurt (y de regreso). Pero Kurt… "No está en su cama. ¡Qué raro!" Un momento: "¡Mira! ¡Ahí sale! Estaba en el armario". 

Ese armario rojo pone muy incómoda a la Anna azul. Ese armario azul mucho molesta a la Anna roja. No es un mueble ordinario, según advierte el anticuario Mons Snow en un texto tomado de su obra Antigüedades chinas que funciona como prólogo (¿o epílogo?) del libro, se trata del enigmático Armario Chino. Su mayor particularidad es que solo puede abrirse desde dentro. A través de él, Kurt sale de un mundo y entra a otro: ¿será el único que conoce las dos dimensiones…? O quizá todo sea un sueño para él y no haya más voluntad que la del silencioso armario.


Javier Sáez Castán (o Nátsac Zeás Reivaj, el ruso), Premio Nacional de Ilustración 2016 en España (completo desconocido en la isla de Tromelin), vuelve a entregarnos un nuevo clásico.

El tono del libro me condujo a Borges, no solo porque en él reconozco el uso de datos falsos que quieren pasar por verídicos, como el ficticio texto de Mons Snow (otro juego de reflejo entre palabras), sobre todo por aquel cuento de El jardín de senderos que se bifurcan, y su metáfora de "infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos".

Pero más allá de estar inserto en esa tradición literaria de mundos paralelos (de la ciencia ficción al terror en Lovecraft, pasando por el armario de Las Crónicas de Narnia), el libro es también un deleite visual que funciona casi como un flipbook, por su sucesión de imágenes, como de secuencia animada. La estructura en sí, es perfecta para la narrativa que soporta, ese sistema cerrado, circular, lleno de referencias metaficcionales que le dan aún más coherencia interna. "No empecemos otra vez, Otto", "Cómo se ha enredado esto. Parece como si hubiera infinitos hilos", dicen los personajes, ajenos al guiño autoparódico (lo que nos divierte más).

"El armario chino es un extraordinario libro sin contratapa", ha dicho la prensa internacional, "El armario (el rojo) del que habla ese tal Mons, me pertenece", reclamó, desde el más allá, Mao Tse-tung, "¿El título tentativo de aquel cuento de Cortázar no era La continuidad de los armarios chinos?", cuestionó un bibliotecario argentino. Y aquí voy de nuevo: vueltas y vueltas le he dado, lo cierro y vuelvo abrirlo… este peculiar libro sin contratapa, cuyas viñetas se leen siempre en viceversa, que pondrá de cabeza a los lectores.



Texto publicado en el blog Linternas y Bosques: Los mejores libros que leí en 2016

viernes, 28 de abril de 2017

El armario chino: un libro de ida y vuelta

De acuerdo con el escritor Peter Turchi, la paciencia y la disposición para aceptar la complejidad tiene una particular relevancia en nuestros días, cuando parecemos empujados a la simplificación y reducción de las ideas. En este sentido, la literatura puede recordarnos el valor y la importancia de detenernos para pensar, pero, sobre todo, para abrazar el misterio y la dificultad como puentes hacia la imaginación. De ahí que Javier Sáez Castán nos desafié una vez más con su libro El armario chino. Acá les dejamos un texto del autor-ilustrador que, más que intentar dar respuestas, invita al lector a abismarse en el enigma de su nueva obra.








1. Las crónicas de Narnia de C. S. Lewis | 2. Alicia a través del espejo. Ilustración de John Tenniel | 3. El Armario Chino de Javier Sáez Castán | 4. Etiqueta de una caja de cerillas tradicional| 5. Naipes | 6. Reloj de arena | 7. Agujero de gusano | 8. Little Nemo de Winsor McCay | 9. El armario chino de Javier Sáez Castán | 10. Alicia a través del espejo. Ilustración de John Tenniel


Texto e imágenes de Javier Sáez Castán para el encuentro en las instalaciones de IBBY México, a propósito del Premio Nacional de Ilustración 2016. 

miércoles, 5 de abril de 2017

Palabras de Arianna Squilloni sobre El armario chino

Arianna Squilloni, escritora de En casa de mi abuelos y fundadora de la editorial A Buen Paso, escribió para la presentación de El armario chino de Javier Sáez Castán un texto repleto de ideas, claves y preguntas, e incluso alguna que otra respuesta en torno a un libro extraordinario. Va aquí como memoria de un encuentro inolvidable en la librería Abracadabra en Barcelona, España. 

China está lejos, eso se sabe, tan lejos como el azul lo está del color rojo, como lo que cada uno de nosotros es lo está de lo que podría ser; lo que cada uno hace, de lo que podría hacer, como el agua del fuego.

Como todo lo que está lejos, todo lo que es otro, China nos atrae, al menos suele hacerlo, al menos lo hacía en la Europa de hace algunos siglos… Como todo lo que está lejos, nos atrae al mismo tiempo que nos da miedo y nos repele.

Javier Sáez Castán, de la mano de Ekaré, nos trae un extracto del catálogo de antigüedades chinas de un tal Mons Snow, este extracto (lleno de pequeños acertijos) nos habla del armario chino y nos ofrece un ejemplo práctico de su funcionamiento. Nos habla Mons Snow de un objeto encontrado en el barrio chino de San Francisco en 1881, cuando era joven, cuando la vida le sonreía y todo hacía presagiar un brillante futuro para él.

Mons Snow, este señor de extraño nombre especular que ahora nos escribe desde un lugar llamado Neuquén, nos ofrece todos los ingredientes de una historia inquietante, de una historia al estilo de Poe, en la que sabemos que estamos a punto de toparnos con un objeto, un catalizador del cambio y de la obsesión.

En la oscuridad de un miserable bazar, descubre Mons Snow el armario chino y con él se dará pronto cuenta de que la oscuridad puede ser luz, que el azul puede ser rojo, que la distancia que media entre lo que somos y lo que podríamos ser es una relación entre probabilidad y casualidad. Lo que nos hace aterrizar en que lo real es determinado por las circunstancias que se meten en medio. Así como en el libro se mete en medio una habitación que no solo contiene un armario chino, sino que además media entre el fuego de la chimenea del comedor y el agua de la bañera.

La distancia entre la oscuridad y la luz es la distancia que hay en un intervalo de cinco minutos, entre el revuelo causado por un gato negro que juega con un ovillo y el silencioso aletear de una mariposa blanca.

Un gato negro, una mariposa blanca, un armario chino. Entonces uno no puede evitar tener algunas ideas, pensar en ciertos conceptos que están allí, han estado allá en China desde hace tiempo incontable: como por ejemplo el hecho de que cada ser posee un complemento que es necesario para su propia existencia, la idea del doble, de manera que nada existe en estado puro (a pesar de que los padres del libro se empeñen en bañar al hijo rojo para que sea azul y al azul para que vuelva a ser rojo). Tampoco nada existe en absoluta quietud (lo quieto adquiere cara de pasmado, como el tigre en el comedor, los patos* en la habitación y el pez en el baño). Sino que todo está en continua transformación. Y que cualquier idea, mirada desde otro punto de vista, acabará pareciéndose mucho a su contraria.






El yin y el yang: opuestos, interdependientes, divisibles, generados y consumidos mutuamente, susceptibles de convertirse en su opuesto, alojados el uno dentro del otro.

Hay en todas estas consideraciones un sabor curioso, un sabor a física cuántica, al funcionamiento del mundo tal como nos lo describe esta teoría. Quizás a los chinos no les suene tan rara (por lo visto lo saben desde siempre), pero a los occidentales… Dicen que técnicamente –es decir, desde un punto de vista práctico– la física cuántica funciona, pero que los científicos y los filósofos enloquecen tratando de describirla, de darle un marco teórico, porque ¿cómo explicar unas ondas, un mundo que, si bien se describe a través de ondas, cuando las observas se transforman en partículas? ¿Son ondas o son partículas? ¿No tendrían que decidir en qué lado están? Por lo visto no. Y por lo visto el armario chino lo explica.

Nos dice que la realidad no es estática, que todo es relación, así como las diminutas partículas de materia se hacen visibles solo cuando interactúan las unas con las otras. Por eso el niño se halla siempre en una fase de tránsito a través del armario, un armario que al principio estaba oculto en el caos de un miserable bazar chino…

Es de las barracas de feria, de los lugares sórdidos, a menudo de paso, de donde salen muchos de los escenarios y los objetos de S.C. (la máquina de sueños de Soñarío, los animales prodigiosos que se encuentran en Revillodia). Hay que concentrar la mirada, focalizarla en un punto concreto y diminuto para hallar el prodigio (eso no le pasa tan solo al autor, sino que le pasa también al Pequeño Rey con sus insectos, es como si este rey mirara el mundo a través de una lente). Y, cuando das con el objeto adecuado, ya te vuelves presa de su misterioso poder desestabilizador, ese mismo poder que tan solo poseen la curiosidad, el anhelo de conocimiento, vaya, los rasgos característicos del ser humano.

Javier Sáez Castán en sus obras nos hace partícipes de sus hallazgos: y, fiel a su espíritu de feria y a los gabinetes de curiosidades, para contarlos los pone en escena, por ejemplo creando una pantomima en dos actos para representar el natural recorrido de la naturaleza y de la cadena de actos y consecuencias, en el caso de los tres erizos; o creando un interior sobrio, tres habitaciones para escenificar el funcionamiento de un objeto provisto de un poder admirable, el armario chino precisamente. Ese artefacto inquietante, capaz de enredarte en juego del que no lograrás salir porque, tal como la vida, te darás cuenta de que siempre ha estado allí contigo. En una forma u otra.

*A la hora de hablar de los patos, puntualiza el autor que la que escribe este texto también se ha quedado pasmada al perderse la imagen de transformación que encierran: ¿serán patos con la boca abierta o conejos?”


Arianna Squilloni. Librería Abracadabra, octubre 2016

martes, 4 de abril de 2017

Tardes de Altamira: Altibajos de la LIJ

En la segunda sesión de Tardes de Altamira en Ediciones Ekaré, Teresa Duran, autora y crítica de literatura infantil y juvenil (LIJ), doctora en Pedagogía y profesora del Departamento de Didáctica de la Educación Visual y Plástica de la Universidad de Barcelona y gran amiga de la editorial, despertó un interesante debate sobre los altibajos de la LIJ. Estas tardes, programadas para los últimos miércoles de cada mes, se transmitirán por Facebook Live para todos aquellos que deseen seguirlas en directo, desde cualquier lugar.


"El mundo es grande, muy grande. Aunque está lleno de cosas pequeñas, a veces muy pequeñas.
Tan ínfimas como los átomos o las células.

Las cosas grandes, a menudo, hacen sombra a las cosas pequeñas. Y no dejan verlas. O las ningunean. No sé por qué...

En este mundo existe la costumbre de oponer las cosas: lo bueno y lo malo, lo fuerte y lo débil, lo tonto y lo sabio, lo alto y lo bajo, lo gordo y lo flaco, lo claro y lo oscuro, etc.

La disparidad no es negativa, al contrario: lo distinto acostumbra a resultar atractivo y fecundo cuando se junta. Lo malo es que, demasiado a menudo, en lugar de sumar o multiplicar conceptos distintos, se les jerarquiza.

Entonces, uno de los opuestos pasa a considerarse mejor que el otro y a todas luces superior. En general se tiende a fijarse más en lo aparentemente mayor que en lo aparentemente menor, y se prefiere lo fuerte a lo frágil, lo sabio a lo a tonto, lo rico a lo pobre, etc… Y se da prioridad a lo mayor, más rico o más sabio. No sé por qué…

Son grandes los océanos, más que las tierras. De entre las tierras, parece que hay más en el norte que en el sur. Y por ello el Norte se supone más importante que el Sur. No sé por qué…

Son grandes las montañas, más que las piedras. Pero hay más piedras que montañas. Y, al fin y al cabo, las montañas están hechas de piedra…en su mayoría, ¿no?

También es cierto que las piedras son más grandes que un grano de arena, pero es de suponer que hay infinitamente más granos de arena que piedras o, por supuesto, montañas.

No lo sé, nadie ha contado cuántos granos de arena hay en este mundo. En cambio sí se pueden contar las montañas porque, además, alguien les puso nombre".


Para ver el resto del encuentro haz click en el video:





Y para todos aquellos que tengan interés, encontrarán en este enlace un resumen y el video de la primera sesión: Anna Castagnoli y Arrianna Squilloni, La experiencia como jurados en la Muestra de Ilustradores de Bologna. 


Tardes de Altamira, miércoles 29 de marzo de 2017. Barcelona, España.